La dependencia oculta del petróleo en la industria moderna: por qué la manufactura puede sufrir una crisis energética incluso sin apagones
Solemos entender una crisis energética como una interrupción visible: vehículos sin combustible, ciudades sin electricidad y fábricas paralizadas. Pero la dependencia energética de la sociedad industrial moderna es mucho más compleja.
Cuando pensamos en una crisis energética, normalmente nos quedamos en la subida del precio del petróleo, la escasez de combustible, los apagones urbanos y la paralización de las fábricas. Sin embargo, en el sistema industrial actual, la energía significa mucho más que fuerza motriz. El petróleo no solo mueve los vehículos: también interviene en la fabricación de numerosos materiales industriales que, a su vez, sostienen muchos aspectos de la vida moderna.
Las carcasas de los teléfonos, los interiores de los coches, los embalajes de los envíos y la ropa deportiva parecen pertenecer a industrias distintas. Pero detrás de todos ellos está el mismo sistema petroquímico. Por eso, los efectos de un conflicto geopolítico en aguas lejanas pueden aparecer donde menos se ven.
El estrecho de Ormuz es uno de esos puntos de conexión.
Esta vía marítima, que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico, es uno de los principales corredores de transporte energético del mundo. Solemos prestarle atención porque por ella circulan grandes cantidades de crudo y gas natural. Pero, una vez que entra en la economía moderna, el crudo no sirve únicamente como combustible. También pasa por las refinerías y se transforma en materias primas químicas como la nafta, los compuestos aromáticos, el etileno y el propileno, que después se convierten en plásticos, fibras sintéticas, caucho y otros materiales industriales.
Por tanto, que las fábricas tengan electricidad no basta para determinar si la manufactura está a salvo.
El sistema eléctrico de China tiene una estructura compleja. El carbón, la energía hidroeléctrica, la nuclear y las nuevas energías constituyen sus principales fuentes de electricidad; el petróleo, en cambio, representa una proporción reducida. Incluso una grave interrupción del suministro de crudo de Oriente Medio no permite concluir directamente que la falta de petróleo provocaría apagones generalizados en la industria manufacturera china.
Pero la manufactura no solo necesita energía: también depende de un suministro estable de materiales.
China es uno de los mayores importadores de crudo del mundo, y Oriente Medio lleva mucho tiempo siendo una región proveedora importante. Una vez que el crudo llega a China, una parte se destina a combustibles y otra entra en el sistema petroquímico para convertirse en materiales básicos para la manufactura.
Los efectos en la cadena petroquímica no llegan inmediatamente al consumidor. El refino del crudo produce materias primas químicas básicas como la nafta, el etileno, el propileno y el paraxileno (PX). Estas se procesan para obtener polietileno (PE), polipropileno (PP), poliéster y otros materiales que entran en las industrias del automóvil, la electrónica, el embalaje y el textil. Estos materiales, aparentemente poco llamativos, son una base importante de la manufactura moderna.
Si el suministro de crudo se ve afectado, los primeros cambios ocurren dentro de la cadena industrial: las refinerías ajustan sus planes de producción, las empresas consumen sus existencias y los departamentos de compras buscan nuevos proveedores. Solo si la presión persiste empiezan a verse afectados gradualmente los precios de algunas materias primas químicas, los plazos de entrega y los programas de producción.
Los problemas de las cadenas de suministro modernas no suelen manifestarse directamente como una desaparición de productos. Primero aparecen en las existencias, las compras y la organización de la producción dentro de las empresas.
La industria del automóvil lo ilustra bien.
Un coche funciona gracias a motores, baterías y chips, pero también necesita grandes cantidades de plásticos y materiales químicos. Los parachoques, los salpicaderos, los revestimientos de las puertas, las protecciones del cableado y muchas piezas estructurales proceden de distintos tipos de polímeros. Los vehículos de nuevas energías tampoco quedan fuera de este sistema: los separadores de las baterías suelen utilizar poliolefinas como el PE y el PP, y los sistemas de baterías también necesitan numerosos materiales aislantes, de sellado y estructurales.
Por eso, las fluctuaciones del suministro de crudo no detienen de inmediato la producción de coches. La manufactura suele disponer de existencias, proveedores alternativos y cierto margen para hacer ajustes técnicos. Los puntos realmente afectados suelen ser determinados materiales o eslabones del suministro difíciles de sustituir con rapidez.
La ventaja del sistema manufacturero globalizado reside en la eficiencia de la división del trabajo. Las empresas pueden concentrarse en lo que mejor hacen y completar procesos de producción complejos a través de redes de suministro. Pero esa elevada especialización también crea vínculos más profundos entre los distintos eslabones.
Veamos otro ejemplo: una prenda corriente también está conectada a esta red.
La industria textil moderna utiliza grandes cantidades de fibra de poliéster, cuya cadena industrial está vinculada a procesos petroquímicos como los del PX y el ácido tereftálico purificado (PTA). En los últimos años, China ha seguido ampliando su capacidad de producción de PX, reduciendo su anterior dependencia de las importaciones de este compuesto. Por tanto, no puede suponerse sin más que una reducción del suministro de crudo dejaría directamente a la industria textil sin materias primas.
Más exactamente, existe una relación a largo plazo entre el precio del crudo, los costes de refino y los precios de los materiales químicos. Cuando los mercados energéticos sufren fuertes oscilaciones, el impacto puede llegar al sector textil a través de los costes y terminar reflejándose en los beneficios empresariales y en los precios de los productos.
Además de los materiales, la logística es otra vía de transmisión.
Aunque el suministro eléctrico de las fábricas chinas no dependa del petróleo, gran parte del transporte por carretera sigue dependiendo del diésel. Las materias primas que van de los puertos a los parques industriales, los componentes que circulan entre proveedores y los productos terminados que se trasladan a almacenes y mercados necesitan una extensa red logística.
Una subida del petróleo no se traduce automáticamente en un aumento proporcional del precio de los productos, porque las empresas pueden ajustar sus existencias, sus márgenes y la estructura de sus cadenas de suministro. Pero, si los costes energéticos se mantienen elevados durante mucho tiempo, los costes generales de funcionamiento del sistema manufacturero también se ven afectados.
Por eso, los problemas energéticos rara vez se quedan en el sector de la energía. Llegan a la producción, el transporte, el comercio y el consumo, e influyen en la vida cotidiana a través de complejas relaciones de mercado.
La manufactura china no es un sistema frágil y carente de capacidad de adaptación. Durante las últimas décadas, China ha reforzado su capacidad para amortiguar riesgos externos mediante la diversificación de sus fuentes de energía, la creación de reservas, el aumento de la capacidad de producción nacional y el desarrollo de tecnologías alternativas. Las empresas también ajustan sus rutas de aprovisionamiento a los cambios del mercado; algunas compañías químicas pueden modificar la composición de sus materias primas y parte de las importaciones energéticas puede complementarse con suministros de otras regiones.
Así pues, el riesgo en Ormuz no significa que la manufactura china vaya a dejar de funcionar de repente. Pero nos recuerda que la estabilidad de la sociedad moderna descansa sobre numerosos sistemas básicos que no vemos.
Vivimos en una época muy digitalizada, pero el mundo digital sigue sostenido por fuentes de energía, materiales, rutas de transporte e infraestructuras industriales. Estos sistemas suelen permanecer ocultos tras la vida cotidiana, y solo cuando sufren una perturbación advertimos su importancia.
Si un cambio en aguas lejanas puede afectar a nuestros teléfonos, coches y prendas de vestir, es precisamente porque la civilización moderna ha construido una inmensa red material cuyos elementos están estrechamente conectados.