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Deja de llamarlo "dumping malicioso": La verdad sobre el "exceso de capacidad" y el boom exportador de China está en las facturas fiscales de sus gobiernos locales

El "exceso de capacidad" y el dumping a bajos precios de China, tan criticados en el extranjero, no son una maniobra macroestratégica, sino una necesidad estructural provocada por el sistema fiscal chino basado en impuestos a la producción, que obliga a los gobiernos locales a construir fábricas desenfrenadamente y competir ferozmente por exportar.

En la narrativa de los medios y políticos occidentales, el "exceso de capacidad" y el aumento meteórico de las exportaciones chinas de vehículos eléctricos, paneles solares y baterías se atribuyen simplemente al "dumping malicioso impulsado por el Estado" o a "subsidios no de mercado desleales". Sin embargo, muchos observadores internacionales no logran resolver un enigma: si el gobierno chino tiene una capacidad de regulación tan poderosa, ¿por qué prefiere gastar enormes sumas en subsidiar fábricas para vender barato al mundo entero, en lugar de entregar dinero a sus ciudadanos comunes para estimular el consumo interno?

La respuesta no reside en una misteriosa estrategia geopolítica, sino en el singular sistema fiscal de China, concretamente en su mecanismo del Impuesto al Valor Agregado (IVA) basado en la "tributación en el origen de producción".

1. Occidente vs. China: ¿"Dónde" se cobran realmente los impuestos?

Para entender por qué los gobiernos locales chinos están tan obsesionados con "construir fábricas", primero hay que comprender la diferencia fundamental en los incentivos fiscales entre China y la mayoría de los países occidentales.

En Estados Unidos o Europa, las finanzas de los gobiernos locales dependen en gran medida de los impuestos al consumo, sobre las ventas o a la propiedad. En términos sencillos, mientras los residentes gasten dinero comprando bienes o viviendas en mi ciudad, los ingresos fiscales se quedan localmente. Por ello, el incentivo natural de un gobierno local occidental es ofrecer excelentes servicios comunitarios, otorgar beneficios sociales y promover el consumo local para retener a la población y hacer que la gente gaste.

Pero en China es totalmente diferente. El pilar fiscal más importante de China es el Impuesto al Valor Agregado (IVA), que representa la mitad de la recaudación tributaria total. Lo más crucial es que el IVA chino se cobra en la fase de producción: es decir, "quien fabrica, paga impuestos; donde se instale la fábrica, allí se queda la recaudación".

2. Sacando cuentas: ¿Por qué un alcalde jamás subsidiaría a los consumidores?

Hagamos un experimento mental ilustrativo para ver cómo este sistema tributario distorsiona el comportamiento de los gobiernos locales:

Supongamos que el gobierno municipal de Shanghái decide otorgar 10 millones de yuanes en subsidios para la compra de autos a sus ciudadanos. Un residente de Shanghái toma el subsidio y compra un vehículo eléctrico producido en una fábrica de Tianjin. ¿Qué sucede?

  • Shanghái: desembolsó dinero real para subsidiar al consumidor, pero como la línea de producción del auto está en Tianjin, la mayor parte del IVA se la lleva Tianjin;
  • Tianjin: no invirtió ni un centavo en subsidios, pero solo porque la fábrica está en su territorio, recibe gratis una enorme tajada de IVA y suma al PIB.

Como funcionario de Shanghái, ¿consideras rentable este trato? La respuesta es claramente no. Bajo el sistema de "tributación en la producción", si un gobierno local subsidia el consumo, equivale a usar el presupuesto local para "hacerle un favor" a la producción de otra ciudad.

Por lo tanto, ninguna ciudad china tiene incentivos para financiar el consumo local. Por el contrario, la elección más racional para un alcalde es: ¡destinar absolutamente todos los recursos al sector productivo!

3. Neijuan en la atracción de inversiones: ¿Cómo se genera el exceso de capacidad?

Para arrebatar esta jugosa tajada fiscal de la producción, cientos de ciudades chinas se han sumido en una competencia feroz de neijuan (内卷, término que describe una hipercompetitividad destructiva donde todos compiten hasta el agotamiento sin beneficio real) para atraer inversiones:

  • Tierra casi gratuita: con tal de que la fábrica comience a operar, el terreno industrial se ofrece a un costo de alquiler cercano a cero;
  • Subsidios de electricidad y agua: los gobiernos locales aportan capital para instalar líneas dedicadas y ofrecer grandes descuentos;
  • Inyección directa de capital mediante fondos industriales: incluso las empresas locales de inversión gubernamental financian la construcción de plantas y la compra de maquinaria.

Este mecanismo actúa como un gigantesco "amplificador de capacidad". Cada ciudad aspira a convertirse en una base manufacturera regional o nacional. Incluso si un sector industrial ya está saturado, los gobiernos locales siguen otorgando subsidios para mantener vivas a sus empresas locales con tal de no perder la fuente de impuestos frente a sus competidores.

El resultado final es evidente: se construyen más y más fábricas, la capacidad productiva se vuelve desbordante, pero los consumidores nacionales, al no recibir suficientes transferencias ni protección social, son incapaces de absorber tal volumen de productos.

4. Impacto global: De la "indigestión industrial interna" a la "presión por precios bajos en el exterior"

Cuando la enorme capacidad productiva se topa con un consumo interno débil, a estas fábricas incubadas con subsidios estatales solo les queda una última carta para sobrevivir: llevar su neijuan hacia el extranjero.

Las fábricas deben mantenerse activas, porque si se detienen, la recaudación fiscal y el empleo local caen instantáneamente a cero. Por ende, las empresas no tienen más remedio que inundar los mercados globales a precios ridículamente bajos. Para el público internacional, parece que las "manufacturas chinas asfixian a las industrias locales con precios desleales" por una "estrategia de Estado"; sin embargo, a nivel microeconómico, esto no es más que el resultado inevitable de las provincias y ciudades chinas desahogando su exceso de capacidad hacia afuera, empujadas por un sistema tributario centrado en la producción.

Aunque las exportaciones a bajo costo generan un enorme superávit comercial, no se traducen en un aumento salarial ni en una mejora del bienestar para los ciudadanos chinos, creando un escenario en el que todos pierden: "críticas feroces en el extranjero, agotamiento en el mercado interno y gobiernos locales ahogados en deudas".

Conclusión: La clave para resolver el "exceso de capacidad" está en la reforma fiscal interna de China

Reducir el aumento drástico de las exportaciones manufactureras chinas a un simple "dumping malicioso" no solo no ayuda a resolver las fricciones comerciales geopolíticas, sino que impide ver la verdadera naturaleza del problema.

El exceso de capacidad de China y su débil consumo interno son, en esencia, dos caras de la misma moneda; su lógica subyacente es la grave distorsión de los incentivos de los gobiernos locales causada por la "tributación en la producción". Para aliviar realmente las tensiones comerciales globales y revertir la insuficiencia de la demanda interna, China necesita una profunda reforma del sistema fiscal: trasladar el punto de recaudación de la "producción" al "consumo" (que los impuestos se queden donde se consume).

Solo cuando una ciudad reciba ingresos fiscales al atender bien a sus residentes y hacer que se sientan seguros para gastar, los gobiernos locales reorientarán sus recursos financieros desde la "construcción de fábricas" hacia la "inversión en las personas". Solo entonces el fantasma del "exceso de capacidad chino" se disipará para siempre desde su raíz.

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